lunes, 23 de agosto de 2010

Hablan

¿No saben…o no quieren saber?

Mirta Ventura (*)
Agosto 2010


Vamos a enfocar estas cuestiones en la Clase Media y en la Clase Alta, con estudios o con posibilidades de tenerlos o haberlos tenido. En personas en quienes su mayor preocupación diaria, no es tener los recursos para alimentarse o cuidar su salud o sobrevivir. En aquellas en que el acceso a la información está allí nomás, a su disposición.
Una vez delineado el alcance, me permito preguntarme con mayor libertad: Hablan. ¿No saben… o no quieren saber?

Vimos a muchos legisladores de la “oposición”, con cara de ocupación por los haberes de los jubilados, siendo que cuando fueron gobierno disminuyeron las jubilaciones y los salarios en un 13%. Conocen perfectamente que para poder llegar a otorgar una jubilación del 82% móvil se necesita, entre otras cosas, una relación entre empleados en actividad y pasivos de 4 a 1, y actualmente la relación es de 1.5 a 1. Sabemos que votaron en contra de la estatización de las AFJP y también de la movilidad de las jubilaciones y ahora piden el 82% móvil. Durante el conflicto con las patronales sojeras, se colocaron del lado de los representantes del poder económico, mientras que ahora, y siempre por perjudicar el funcionamiento del gobierno, llegaron al sin sentido de tratar el proyecto del 82% móvil para las jubilaciones, sin proponer la fuente de financiamiento. ¿Si no les llama la atención es porque no saben...o simulan no saber?

Miran TN, leen Clarín, les regalan La Razón...!!! Y hablan... ¿No saben... o no les interesa saber? ¿No saben que les están mintiendo? ¿No saben, a esta altura, de dónde proviene la mayoría accionaria de Papel Prensa? ¿No saben de qué modo fueron obtenidas estas acciones? ¿No saben cuánta historia oculta ensangrentada hay detrás de este monopolio de medios? ¿No saben…o no quieren saber?

¿Cuando miembros de la llamada “oposición”, salen a defender esta cadena de cientos de medios, sabiendo cuál es su manejo, no se les ocurre a estos mansos espectadores, pensar que es el precio que tienen que pagar para estar sostenidos en estos medios? Fácilmente todo traspié que sufren en la Justicia, se lo atribuyen al “Omnipresente Kirchner”: “Es una embestida K!!!”. Hay dolo, sépanlo. Es fraude. Y viene de lejos.
Si no se enteraron porque solamente ven TN, leen Clarín... ¿No saben… o no quieren saber? ¿Están mal informados porque no pueden informarse… o no quieren?

Apoyan suprimir las retenciones a las exportaciones agropecuarias (¿no se enteraron que parte del grupo Clarín tiene que ver con los negocios agropecuarios?). Los legisladores coligados al monopolio, votaron en contra de la ley de Medios (¿no sospechan por qué se oponen a cambiar la ley de la dictadura, decretada para favorecer a los medios monopólicos?). En un golpe a las leyes establecidas, la mayoría accionaria de Papel Prensa echó a los tres directores del estado, acto rechazado, naturalmente, por la Comisión de Valores (arremetida K!!!). Si el Estado no interviniera en Papel Prensa, siendo dueño en un 33%, querría decir que es cómplice de las “anormalidades” que esta empresa realiza. Se lo quiere hacer ver como un tema cualquiera de interés del gobierno, que emprende contra todos, soslayando el verdadero problema de estafa que se comete. ¿La reunión de Magnetto con los dirigentes políticos de la oposición, tampoco despierta ninguna suspicacia entre el complaciente auditorio? ¿No saben...o no quieren saber?

El Grupo Clarín, propietario de Cablevisión y Fibertel, estaba al corriente de que la licencia para operar con la compañía que presta el servicio de Internet no estaba en regla. A pesar a ello, el monopolio, extendió el servicio a miles de usuarios, escondiendo que la empresa no tenía personería jurídica para seguir operando. Sin la personería, la prestación declinó ya que Fibertel se disolvió. Ambas empresas (Cable Visión y Fibertel), pidieron su fusión, pero la Secretaría de Comunicaciones nunca lo consintió. El gobierno no está prohibiendo a Fibertel, ésta no existe porque quedó legalmente desarticulada. Los que desde la política apoyan, apresuradamente, a estas empresas, sin profundizar en estas irregularidades denunciadas, sin constatarlas, para aprobarlas o rechazarlas, actúan en contra de los intereses de la Nación, también engañan y lo hacen desde esos mismos medios, con la utilidad de tener voz en ellos.

¿Es tan difícil parar las antenas, pasar por tamiz, lo que informan estos medios? Ya no se trata de distintos puntos de vista, de distintas concepciones. Esto es engaño, fraude, delito, bajo cualquier doctrina. Es la voluntad deliberada de ejecutar ilícitos a sabiendas de su deshonestidad, con el objetivo de obtener beneficios particulares en desmedro de los intereses colectivos y de la Nación.

¿Los que repiten los zócalos de TN o los titulares de Clarín y sucedáneos, sin preguntarse acerca de su fidelidad, sin sorprenderse ante tanto hecho inescrupuloso, sin ocuparse mínimamente por oír otra campana, sin sacudirse por las contradicciones evidentes que sustentan los que ahora defienden lo contrario a lo que hicieron cuando tuvieron posibilidades de hacerlo, los que obvian pensar en la participación de estos personajes en ilícitos de gravedad, fingen no saber…o no les incomoda fingir? ¿No pueden informarse… o no quieren? ¿Hay complicidad? Porque hablan, repitiendo con la mente cooptada, pero hablan. ¿No saben…o no quieren saber?



(*) Licenciada en Física (UBA), 1974
Instituto Nacional de Tecnología Industrial INTI, (1974-1981)
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET, (1981-1988)
Comisión Nacional de Energía Atómica CNEA, (1984- 1995)
Autoridad Regulatoria Nuclear ARN, (1995-2010)

miércoles, 11 de agosto de 2010

Divagues

Mirta Ventura
Agosto 2010

Algunas expresiones que despiertan mi incomodidad...(no digamos mi ira, porque sería demasiado)

Suele usarse en distintos ámbitos las expresiones “se merece”, “es merecido”... Quizás en el lenguaje cotidiano, no tenga grandes implicancias, pero a mi entender, en política el uso de este tipo de concepto no es decoroso. No es de buenas armas hablar de “lo que este país merece”, “lo que nuestra sociedad merece”... Lleva implícito el concepto de premios y castigos resultantes de algún bien o mal, anteriormente cometido.

El solo recorrido de la historia del mundo, nuestra historia pasada y presente nos llena de ejemplos en donde esto no ha funcionado. Cuantas cuentas no saldadas conocemos y vivimos continuamente.

Se asocia “merecer” a “mérito" y éste es la acción que hace al hombre “digno” de premio o castigo y "digno" significa que vale algo en sentido favorable o adverso. Y esto, naturalmente, está procedido de un fuerte concepto religioso porque el "mérito" es la cualidad de las buenas obras del hombre para merecer la recompensa de Dios.

También se oye decir, cuando se concreta un acto de reparación, “la verdad siempre llega” , que vuelve a denotar esa idea de “merecimiento, mérito, premio y castigo” asociados a un accionar anterior que se considera bueno o malo.

La observación es filosófica. Las cosas no vienen ni suceden por ningún designio. Las hacen los hombres con su proceder en cada momento. No estamos condenados al éxito, tampoco al fracaso. Si estamos interesados en que se evolucione hacia sociedades más ecuánimes, igualitarias e inclusivas, , estamos intimados a ocuparnos en todo momento por lo que creemos legítimo.


(*) Licenciada en Física (UBA), 1974
INTI, (1974-1981)
CONICET, (1981-1988)
CNEA, (1984- 1995)
ARN, (1995-2010)

ELECCIONES EN LA CENTRAL DE LOS TRABAJADORES DE ARGENTINA

En la asamblea de Carta Abierta del sábado 7/8/2010, se resolvió por unanimidad aprobar la siguiente Declaración:


Porque la historia de la CTA está hecha de defensas profundas del mundo popular y de perspicacias para descubrir lo nuevo, es necesario que su porvenir no se escinda de los compromisos ni de la apertura que la signó.
Porque la CTA ha sabido situarse en coyunturas políticas complejas, como las de los últimos años, en que ninguna de las organizaciones sociales, sindicales y políticas, dejaron de ser afectadas.
Porque todos aquellos que nos reconocemos representados en la CTA, en su historia y en su presente, necesitamos que persevere en la lúcida defensa de los derechos populares, hoy apoyamos la Lista N° 10 que encabeza Hugo Yasky en las elecciones internas.
Yasky expresa la continuidad de una experiencia sindical autónoma y la disposición a no situar la Central en el callejón de una oposición antigubernamental que genera alianzas por lo menos sorprendentes.
Carta Abierta acompaña a la Lista N° 10, como un grupo de la sociedad civil que reconoce y afirma sus afinidades con otros grupos, con la explícita vocación de constituir una trama en la que los dilemas de la Argentina puedan ser comprendidos con la profundidad necesaria y que permita la composición de luchas para profundizar y expandir las políticas de la reparación social.-
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lunes, 9 de agosto de 2010

Contundente

Contundente
Mirta Ventura (*)
Agosto 2010


Los episodios políticos expresados por el discurso de Biolcati en la rural, la reunión de algunos integrantes del grupo A con los jinetes de la mesa de enlace y la que tuvieron los exponentes del Peronismo Federal con Magnetto, nos hicieron rescatar de la ambigüedad a las palabras terminantes: oligarquía, derecha, reaccionario, progresista. El lenguaje recobra fuerza. Es contundente. Mucho se ha analizado y concluido con estos hechos, por demás significativos. La evidencia de la impunidad mostrada, asociada al poder, no deja lugar a la duda. Son oligarcas, son la derecha.

A los que dicen que hay que dejar la crispación, consensuar, acordar, les digo que no es posible con esta oposición. Son transparentes, aunque se disfracen. Es conveniente avanzar con prudencia, mas con contundencia.

Los mejores momentos logrados en los últimos años, surgieron de aquellos acontecimientos en donde se diferenciaron más el oficialismo y la oposición. Después del fracaso con la 125 y de la derrota electoral del 28 de junio de 2009, el gobierno tuvo las respuestas superiores y se consiguieron los mejores frutos, desde el punto de vista de la profundización del camino a la distribución del ingreso, la seguridad social y la libertad de expresión. Recuperación de las jubilaciones por el estado, actualización de las jubilaciones por medio de la ley de movilidad aplicada dos veces por año, Ley de Medios, Asignación Universal por hijo, son ejemplos de este rumbo. Resultados que deja descolocada a esta máquina de impedir, en que se han constituido estos grupos opositores.

Hay algunos, que pretendiendo ser compositores no confrontativos, dicen mantenerse imparciales, de algún modo neutros. Éste no es un momento en que esto sea loable. Los hechos son cada vez más contundentes. La derecha se junta, están decididos a parar este proceso y volver al añorado neoliberalismo. Biolcati no lo ha disimulado y quienes se han prestado a resignar su papel de político en manos de las fuertes corporaciones, mostraron con prístina claridad, en que lado del río están.

Ser autónomo, no es ser neutro. La autonomía debiera servir para poder marcar cuestiones, que a su entender, se deben profundizar o mejorar. No es lo mismo que neutralidad, que es grave en tanto no se puede ser neutro cuando se está definiendo si seguimos avanzando, o si retrocedemos al elogiado país para pocos del centenario.

En la ciudad de Buenos Aires, tenemos un ejemplo actual, además de los que conocemos del pasado, de cómo resulta un gobierno de derecha en manos de un exponente no político, supuestamente abocado a la gestión. Escuchas ilegales, curriculums devenidos prontuarios de los componentes de la Policía Metropolitana, disminución de los presupuestos de educación y salud, cierre de cursos en las escuelas municipales...son algunas de las ventajas que han ofrecido a los ciudadanos. En tanto, la eficiencia declamada en las áreas previsibles (higiene, tránsito, calles, parques, controles, etc) no la han mostrado.

Cada vez que se necesitó, ante la adversidad, el gobierno se reinventó y provocó la fisura de ese bloque fuerte, uniforme, antagonista que ahora decide mostrarse como tal.

Cuando Biolcati habla, o Magnetto se muestra, no lo hacen para todos, departen con los suyos y con la oposición, que está dispuesta a representar sus intereses. Tenemos mucho para hacer, los que somos progresistas y sabemos bien qué queremos decir con nuestro lenguaje. Conocemos bien quiénes son estos oligarcas, esta derecha. Es un buen momento para la política. Es un buen momento.



(*) Licenciada en Física (UBA), 1974
INTI, (1974-1981)
CONICET, (1981-1988)
CNEA, (1984- 1995)
ARN, (1995-2010)

lunes, 5 de julio de 2010

Oposición (a qué?)

Un psicoanalista por aquí...

Mirta Ventura (*)
Julio 2010

La llamada “oposición”, a qué se opone?
Nunca antes, la palabra oposición aplicada a los partidos que no están gobernando, tuvo este significado tan contundente: oposición, a qué?. Y la respuesta es a todo. No es ya un modo de decir, es literal, es lo que la palabra denota. Oposición no importa a qué, pero me opongo. A qué? A todo lo que se hace desde el gobierno (¡por favor, no usar la expresión “gobierno de turno”, es el que fue oportunamente elegido por el voto popular, ningún turno!).

La llamada oposición viene por derecha o por izquierda, según sirva para oponerse. Se opusieron a la Resolución 125, que fue una medida progresista tendiente a mejorar la distribución de la riqueza. Se opusieron a la recuperación de las jubilaciones por medio del estado, sin dar ningún valor a esta medida trascendental para frenar la estafa a los jubilados y pensionados que acometieron las AFJP, que organizaron negocios en favor propio y cargaron las pérdidas a los beneficiarios.
Se opusieron al rescate de Aerolíneas Argentinas a manos del Estado.
Se opusieron a la ley de Medios Audiovisuales, destinada a democratizar los medios de comunicación. Se oponen tanto que, una vez que esta ley fue aprobada por el Congreso, los mismos que reclaman institucionalidad, recurrieron a la justicia para que esta ley no se implemente.
Critican la Asignación Universal por Hijo (AUH) conferida por el ejecutivo, de implicancia profunda en la lucha contra la desigualdad, aunque es una propuesta histórica del progresismo.

Pretenden modificar atribuciones que tiene el gobierno (los gobiernos), otorgadas por ley para permitir el normal funcionamiento ejecutivo. Se oponen a la ductilidad que tiene el ejecutivo para disponer de parte del presupuesto para ser reasignado. Aunque esas modificaciones tengan un límite superior del 5%, como si fuera posible ejecutar con previsibilidad total. Se proponen sacarle fuerza a la política diluyendo representantes elegidos por el sufragio, en el Consejo de la Magistratura, con el agregado de otros representantes de abogados y jueces.
En medio del proceso de inclusión de miles de beneficiarios y de recomposición de las jubilaciones proponen que éstas sean del 82% móvil. Propuesta loable, pero inconsistente, por el momento, porque implica aumentar las erogaciones de el ANSES, simultáneamente con contraer los recursos. Hacen falta propuestas monetarias y fiscales que la hagan sustentable. Cuando Cleto Cobos era gobernador de Mendoza, vetó la ley provincial que otorgaba el 82% móvil a los docentes jubilados y pensionados de esa provincia. Ahora trata de imponer al gobierno nacional que lo otorgue sin prever de donde salen los recursos, porque es opositor (¡vicepresidente opositor!). Los que hace unos meses se ocuparon con vehemencia para que no se usen fondos que eran reservas y su uso no modificaba a ningún sector, ahora pretenden, también con arrebato, variar abruptamente la ecuación fiscal. El capital recuperado para el ANSES, que es parte del patrimonio provisional del estado (no es solamente para pagar jubilaciones), ofrece la posibilidad de ser un instrumento de intervención estatal para promover y ampliar el crecimiento económico. El tema debe ser profundamente analizado y es un proceso que lleva tiempo y necesita maduración. Cuando se cambia la ecuación fiscal, hay ganadores y perdedores y no siempre (nunca) los damnificados operan con generosidad. Así las cosas, pareciera que legislan para ser oposición por mucho tiempo.

Los que son oposición no peronista, se oponen al peronismo (gobierno) y la oposición peronista se opone al kirchnerismo (gobierno).
El kirchnerismo no es todo el peronismo, pero es el peronismo social. Es ese aspecto constituyente del peronismo abierto al progresismo. La izquierda en Argentina no tiene en cuenta al peronismo y no es posible avanzar si no se reconocen los adelantos en inclusión social, en educación pública, en industrialización, en participación, que brindó el peronismo.
Los que han criticado al peronismo por la falta de pluralidad, por la imposición, por la falta de libertades, critican hoy la falta de mano dura, la no represión a la protesta social. No lo reconocen porque viene del peronismo (aunque sea kirchnerismo).
Los peronistas llamados disidentes (porque no son kirchneristas), son oposición también. Se oponen a que se incluyan sectores progresistas no peronistas, a que se ahonde la lucha por los derechos humanos. Se impone un minucioso debate sobre el peronismo.

La oposición se opone, no propone, no construye. Reclama democracia y no la deja funcionar. Exige y no da. El interés no está en mejorar, está en oponerse para impedir. No da opción. Se infiere de esta modalidad de oposición, preñada de contradicciones y sin sentidos, que ha renunciado a su rol en el gobierno para sabotear el éxito de la gestión. Pareciera que este proceder está destinado a mejorar sus posibilidades electorales en la próxima contienda, lo que se contradice con las leyes de impedir que pretende instaurar.

En estos últimos años se ha construido un fuerte piso de protección social que no debe ser bajado en los años venideros. Está basado en medidas forjadas en coherencia con las posibilidades. Propuestas sustentables para arriba, son bien venidas.



(*) Licenciada en Física (UBA), 1974
INTI, (1974-1981)
CONICET, (1981-1988)
CNEA, (1984- 1995)
ARN, (1995-2010)

martes, 8 de junio de 2010

Bicentenario de la Revolución de Mayo

Mirta Ventura*
Junio 2010

Símbolos provocados y símbolos que surgen

Sin exagerar en la interpretación que se le da a los signos, indicios o símbolos, no se deberían dejar de lado algunos, qué por su claridad o presencia dominante, se presentan en forma ineludible.
En la celebración y/o conmemoración del Bicentenario de la Revolución, el 25 de mayo de 2010, se hicieron presentes varios de estos símbolos que golpean como para que no se los deje pasar silbando bajito.

En 1910, el primer Centenario, se pensaba en una patria para pocos y exclusivos, la sociedad deseaba ser y se sentía europea. No estaba en consideración el proyecto de un territorio común, de una patria Latinoamericana.
En los 90 tampoco se pensaba en la inclusión sudamericana, por el contrario la sociedad se asumía del primer mundo y no consideraba ni a los excluidos de adentro ni a los habitantes de los países latinoamericanos.

Desde estos puntos de vista, la historia fue relatada de un modo muy diferente al que se podrá re escribir a partir de este reflexivo Bicentenario pleno en simbolismos (quizás este nuevo relato tenga sus orígenes en el 25 de mayo de 2003, sin ser concientizado plenamente, sin poder asegurar que esto ocurriría, pero abriéndose camino dificultosamente, a veces a paso lento, pero sin retroceder).

Este no ha sido un festejo caracterizado por la superficialidad y regido por el azar. En la celebración, la historia se ilustra con contenidos. No se elude cargarla ideológicamente. No son cualesquiera los momentos elegidos para ser representados esencialmente con un lenguaje artístico de gran belleza. Los ciudadanos que allí conmemoramos, nos sentimos latinoamericanos ante la interpretación desarrollada de nuestra condición, vibramos con las figuras escénicas de los pueblos originarios, las madres, los héroes de Malvinas, las luchas emancipadoras, las garras del neoliberalismo. Las elecciones de tales temas, no fueron fortuitas
No es tampoco casual que la presidenta haya querido hablar a todos rodeada de los presidentes de Sudamérica que la acompañaban y en un salón en cuyas paredes se colgaron cuadros de elegidos, no al azar, máximos referentes latinoamericanos. Todos símbolos provocados manifiestamente.

No es impensado, tampoco, que la inauguración del teatro Colón haya lucido como las fiestas de los 90, glamorosa y dorada. Un símbolo deseado por los concurrentes que no tienen intenciones de salir de esa exclusividad farandulera.
Se percibieron, así mismo, otros símbolos que, seguramente, no fueron premeditados, pero que su contundencia no deja lugar al soslayo. Los artistas que actuaron en esa noche de la inauguración del Colón, al terminar la obra, cuando volvieron a salir desde atrás del telón para saludar, motivados por la continuidad de aplausos, se encontraron con la multitud de espectadores de espaldas, para estar de frente a Macri y sus elegidos acompañantes. El símbolo se hace lugar, arremete, se impone. No aplaudían a los artistas ni al arte. Allí se vivía otra cosa. Ésta es la otra Argentina antagónica con la que se emocionaba en las calles con las vivencias de nuestros hermanos de todas las provincias y de Latinoamérica.
Y se produjo otra simbología no preparada. El sentido, no buscado, acerca de la ausencia de Cristina en la inauguración del teatro Colón, emergió con fuerza. La multitud en las calles no se correspondía con la inclusión de la presidenta, partícipe necesaria de la ideología de esta conmemoración, en ese acto fastuoso.

No es casual que esto suceda en este momento, con un pueblo que crece porque se va sintiendo incluido, a pesar de la resistencia ofrecida por los sectores excluyentes. En estos tiempos se está apostando por lo nacional sin temerle a lo popular, denominado ligeramente “populismo”, para denostarlo. Se trata de darle lugar a los que fueron desposeídos y en particular a los pueblos originarios. Las multitudes que se movilizaron se liberaron de esa pesada carga colocada por los grandes medios y por aquellos que tienen la mirada más dura cuando miran hacia adentro.

Es gratificante ver cómo se van sucediendo hechos que hasta hace poco parecían irrealizables. Se concreta un anhelo de muchos, muy sensible. No hace tanto, en Octubre de 2009, escribí en la nota “Impresiones Propias y Ajenas”: “Cada uno tiene sus características, valías y carencias. Nosotros, en estos últimos años, estamos caminando, no tan correctos, no tan engolados, pero proteicos y quizás varios pasos adelante de muchos. Si nos quisiéramos un poco más seríamos capaces de ver a Argentina, a los argentinos, en este momento en el concierto mundial, haciendo historia y de la buena”.

Se vieron caras de muchos argentinos, conscientes de la “argentinidad”, profundos, reflexivos, satisfechos, plenos, conmemorando constructivamente. Los símbolos hablaron, como siempre, desde la razón y desde los sentimientos y los escuchamos.



(*) Licenciada en Física (UBA), 1974
INTI, (1974-1981)
CONICET, (1981-1988)
CNEA, (1984- 1995)
ARN, (1995-2010)

jueves, 27 de mayo de 2010

Declaración del Bicentenario de Carta Abierta en conjunto con muchas organizaciones

El país pluralista que tenemos hoy, en correspondencia con muchos países latinoamericanos, es realmente muy distinto al país oligárquico del Centenario...

Declaración del Bicentenario

Conmemoramos el Bicentenario de la Argentina sin evocar un pasado mítico pero sabiendo que en los pliegues de su historia persisten memorias de un país para todos, muchas veces extraviado en su propio laberinto y otras arrojado a los poderes de la injusticia. De un país que supo de apasionadas escrituras libertarias y que guarda en sus fibras los nombres propios de los hombres y las mujeres que buscaron construir, individual y colectivamente, los trazos de otra patria. La que buscamos en los signos de esta época que ofrece la posibilidad cierta y urgente de encontrarnos con lo mejor de las tradiciones ancladas en los ideales de igualdad, libertad, justicia y soberanía. Ése es el mayo que nos urge desde hace 200 años.
De la Argentina de las luchas emancipatorias quedan los rastros de los esfuerzos políticos, de los trastrocamientos sociales, de la ruptura del orden colonial, pero también la memoria de lo irresuelto, de las promesas no realizadas, de lo popular sin redención. Es en los hilos de lo pendiente, en la memoria de las voluntades, que pronunciamos el nombre de Argentina, en este Bicentenario.
No lo hacemos en la Argentina del Centenario, ese espejo virtual que los poderes actuales instalan en el lugar de Paraíso Perdido. En aquella Argentina un futuro que se imaginaba dorado, sobre la base de los ganados y las mieses, se proyectaba bajo la égida de un Estado excluyente, con las mayorías silenciadas políticamente y con un mundo popular asolado por la desdicha. El Centenario fue oropeles y visitantes extranjeros, tanto como estado de sitio y lucha callejera. República para pocos y Ley de Residencia. Un modelo de país agroexportador incapaz de proyectarse con autonomía del Imperio Británico y de mirarse en otro espejo que no fuera el de un orden internacional injusto. Jóvenes de clase alta incendiaron un circo plebeyo para que no alterase un paseo tradicional. Esas fogatas prepararon la Semana Trágica y los fusilamientos de la Patagonia, expresiones del odio oligárquico que se descargaría cada vez que el pueblo defendía sus derechos.
No aceptamos volver a la Argentina de 1910. No podemos identificarnos con un país de la desigualdad, el prejuicio y la exclusión. Ni con un país diseñado desde la lógica de los intereses corporativos, que ha venido rapiñando lo público y tratando de disolver lo mejor de las creaciones colectivas, que dieron forma a sistemas de educación y salud equitativos. No es nuestra tradición la que confunde “nación” con “raza” u origen geográfico ni la que reivindicó como causa nacional la aniquilación de pueblos originarios y de sus hombres y mujeres, la servidumbre y el despojo material y cultural, ni estamos dispuestos a tolerar sus abiertas o embozadas formas de persistencia. No queremos que se silencien las voces que desde el fondo de nuestra travesía como nación se expresaron para avanzar hacia una sociedad más igualitaria, ni convertirnos en espectadores que contemplan cómo unos pocos se complacen en sus riquezas mientras los que producen los bienes sociales son reprimidos, acallados o expulsados.
No queremos regresar a los fastos de ese Centenario que sigue persiguiendo como una sombra espectral los sueños de emancipación, como lo hizo en el 30, en el 55, en el 66 y en el 76. Nuestro Bicentenario busca reencontrarse con los trazos que fueron dibujando los sueños de libertad e igualdad del primer Mayo y que debieron sortear incontables dificultades y las peores pesadillas. Somos ese país de sueños y de pesadillas. Se trata de recrear, con nuestra fuerza imaginativa y con inventivas populares, la fuerza emancipatoria del inicio, y las de las múltiples formas de resistencia que en nuestro suelo fueron ejercidas desde la Conquista y la Colonización, sabiéndonos parte de un destino común, entrelazado con el de los pueblos de toda América Latina, sin los cuales no puede pensarse un presente ni un futuro.
El Bicentenario es, fundamentalmente, una conmemoración de esas luchas emancipatorias que en sus mejores momentos tenían menos un destino local que una idea de lo americano. Que tiene su punto de inicio en la revolución de los esclavos haitianos y se consolida recién en 1824. Cuando hoy América Latina traza acuerdos y composiciones, cuando construye Unasur y afianza los compromisos políticos y económicos, cuando procura un destino común, vuelve a proyectarse sobre el fondo de la unidad anunciada en los primeros gritos libertarios, y la Argentina a reencontrarse con el destino que soñó al nacer.
Esta Argentina tiene en su corazón profundo una vida popular que ha sido gravemente dañada y que es, así y todo, potente y creativa. El antiguo pueblo del himno ha sido rehecho por dictaduras atroces, persecuciones violentas, modificaciones profundas de la economía y el Estado, tecnologías y lenguajes comunicacionales capaces de generar las condiciones para que un sentido común amasado entre la dictadura y los años noventa, corroa las fuerzas de nuestra vida social y cultural e inhiba el diálogo activo con el pasado.
Ha sido reconfigurado y avasallado el pueblo. Y sin embargo, ha sido y es el sustrato de las resistencias, la potencia creadora de nuevas formas de vida, de lenguajes, de símbolos, de modos de encuentro, el horizonte de una real autonomía simbólica y política de la nación. Ese pueblo tiene múltiples y heterogéneos rostros políticos, se despliega en organizaciones diversas y en experiencias no siempre concordantes. Los que aquí manifestamos lo hacemos como parte de ese pueblo, como parte de las organizaciones en las que se nuclea y se recrea.
Son los rostros de los trabajadores asalariados y sindicalizados, herederos de los que un 17 de octubre del 45 le dieron forma a sus exigencias de justicia y dignidad en una novedosa articulación política y que en mayo de 1969 hicieron temblar la ciudad de Córdoba. Son también los rostros sufridos de los desocupados que intentan recuperar una trama social devastada por el neoliberalismo y que en los noventa fueron el alma y el cuerpo de las resistencias, esa parte de los incontables que hoy marchan en pos de la equidad y el reconocimiento. Son los rostros de los activistas sociales y de los creadores culturales. Son los rostros de las militancias por los derechos humanos y de los pacientes articuladores de los barrios. Son los rostros de los estudiantes que supieron arrojarse a las luchas populares. Son los rostros de los empresarios comprometidos con ideales de autonomía nacional y los de los profesores y maestros que trajinan diariamente por la educación pública. Son los rostros de los migrantes latinoamericanos que han elegido estas tierras para construir sus propios sueños y de quienes dan testimonio de la expoliación a los pueblos originarios y de la defensa de sus derechos. Y recuerdan que sólo una América Latina de nuevas solidaridades podría alojar esas diferencias sin diluirlas en el relativismo cultural ni trasvasarlas a persistentes racismos. Son los rostros de la desdicha, del temor ante el peligro, de la alegría por la reunión y la voluntad colectiva.
La conmemoración del Bicentenario no puede desligarse de la consideración de ese pueblo que encuentra en estos días una remozada capacidad de movilización callejera y reconocimiento público. El futuro de la Argentina depende de la atenta vigilia popular, una vigilia hecha de alerta y compromiso, de reacción frente al peligro y de entusiasmos compartidos. Mucho se ha hecho en estos años del siglo XXI para restañar la vida popular dañada. Todos deben saber -todas las dirigencias políticas y sociales- que ningún retroceso es aceptable. Que este pueblo tiene compromisos profundos con las transformaciones realizadas y las faltantes y que encontrará en la memoria de sus luchas pasadas y en las necesidades del presente, la fuerza para resistir cualquier intento de restauración conservadora. No hay vuelta atrás que pueda resultarnos tolerable. No hay interrupción que consideremos viable. La Argentina actual, capaz de enjuiciar los crímenes del pasado y generar políticas de reparación para las desigualdades contemporáneas, no puede ser suprimida por los agentes de la reacción.
Deben ser conjuradas las maniobras de quienes conspiran en las sombras y agitan desde los espacios mediáticos. Pero también resguardar al país de la corrosión de sus lenguajes y de una sensibilidad social, cultural y política menguada en sus capacidades críticas y creativas, como de los condicionamientos en los modos de vida y de pensamiento impuestos por las culturas imperiales. Sabemos que no se sale indemne de las heridas infringidas por los poderes de la dominación y que las diversas formas de la injusticia, la humillación y la fragmentación marcaron a fuego el tejido social. Pero también percibimos que algo poderoso vuelve a manifestarse en la patria de todos. En la particular situación de América Latina en estos inicios del siglo XXI, este pueblo, hecho de memoria y de presente, escrito su cuerpo por las mil escrituras de la resistencia, las derrotas y los sueños, tiene la potencia de realizar ese llamado ante los peligros y la afirmación de su resistencia ante toda forma de la devastación.
El estado de este pueblo es, hoy, la vigilia: apuesta a la defensa de las reparaciones alcanzadas y a la perseverante insistencia en lo pendiente. Si es capaz de mirar al pasado de la nación e inspirarse en la épica americanista de los revolucionarios de mayo, lo hará porque su realización está en las señales del presente y en la apuesta al futuro. Tiene ante sí el desafío de dar lugar a lo nuevo que surge y de contribuir a que se extiendan y fortalezcan los modos en que los argentinos deciden vivir su libertad para afianzar la de todos. Estamos convocando a un acto de emancipación, capaz no sólo de enfrentar las trabas que interponen, ayer como hoy, los intereses poderosos, sino de proponer nuevas soluciones imaginativas y nuevos objetivos que estén a la altura de una sociedad enfrentada al desafío acuciante de ser más equitativa. Y a través del ejercicio de la libertad, de la participación y de la movilización, a llevar a cabo las grandes tareas pendientes, particularmente las que conducen a enfrentar las desigualdades sociales que persisten como una llaga que no se cierra –tareas cuyas señales han sido dadas en estos últimos tiempos-. Un mayo de la equidad y de la igualdad, un mayo en el que la riqueza sea mejor distribuida entre todos los habitantes de esta tierra.
Por todo esto convocamos, con el entusiasmo y la pasión que emanan de nuestra historia compartida, a emprender las transformaciones estructurales y culturales que se necesitan para contrarrestar el saldo de décadas de deterioro y desguace, y avanzar hacia nuevos modos de relación entre los ciudadanos, la política y el Estado. Somos esos sueños y esas múltiples y diversas experiencias sin las cuales no podríamos imaginar un futuro. Conmemorar el Bicentenario implica tomar nota de lo nuevo y convocar lo existente hacia una profundización de la democracia. Los hombres de Mayo tuvieron ante sí la tarea de construir una nación despojada de la herencia colonial. Lo hicieron en parte y la situación de América Latina exige la continuidad de ese esfuerzo. Como para ellos antes, para nosotros hoy no hay retroceso tolerable y sí un enorme desafío histórico: la construcción de una sociedad emancipada y justa.